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viernes, 30 de octubre de 2015

Las mil y una noches (de Luar)

Junto a Manolo Abad, en la sombra, el alma máter de "Luar" es sin duda Gayoso.

Hace un par de semanas, pude leer el artículo publicado por Manolo Abad en La Voz de Galicia titulado «Cómo acabar con “Luar” de una vez por todas». Un artículo de lo más acertado y necesario. Me hubiera gustado comentarlo entonces y dar mi opinión, pero al hallarme de viaje me fue imposible.

Esta noche “Luar” alcanzará el programa número 1.002, es decir, ya ha superado incluso a las mil y una noches que Scheherezade tuvo que pasarse en vela contando al sultán los mil y un cuentos que le salvaron la cabeza.

Mil y un programas y 24 años en antena, siendo muchas veces líderes de audiencia, deben querer decir algo. “Luar” es un programa que casi nadie confiesa (o confesaba) ver y, sin embargo, muchos critican (o criticaban). Recuerdo aquí unas palabras de Fernando Fernán-Gómez referidas a los que menospreciaban el cine español con afirmaciones como: «Yo no veo cine español porque es malo». Pero, si no lo ves, alma cándida, ¿cómo sabes que es malo? Es la paradoja de un cierto sector de la población, supuestos intelectualóides —izquierdosos en su mayor parte, que no izquierdistas—, atrincherados detrás de sus prejuicios, que no ven más allá de esos sesudos libros que supuestamente leen (pero que claramente no los hacen más sabios), rechazando la cultura popular mayoritaria.

Pero ser de izquierdas e intelectual es para mí, sobre todo, comprender a los demás, ponerse en su lugar para tratar de entender sus razones, aunque no se compartan, aceptar el pensamiento de los otros con sus circunstancias, ser tolerante, especialmente con los gustos del pueblo. Saber, como decía don Juan Tenorio, subir a los palacios y bajar a las cabañas, y en todas partes dejar memoria de uno (de ser posible, no amarga, como don Juan). Tiempo hay para ver pelis de Bergman o Fellini, asistir a una ópera de Puccini, leer a Shakespeare y bailar en una verbena de pueblo al ritmo de la orquesta "Panorama", como dice Manolo en su artículo, o "París de Noia", o también ver "Luar". Si no, nuestra visión del mundo será siempre parcial.

Quiero contaros mi experiencia en “Luar”. Mi primer "Luar" fue hace muchos años, allá por el 2000, más o menos. Por aquel entonces yo era de esos que también criticaban el programa sin haber visto ninguno completo, lo confieso (arrepentido). Pero un buen día, el destino hizo que coincidiera con su realizador, Manolo Abad, en el montaje de una entrega de premios del Audiovisual Gallego en Pontevedra. Quedamos en que, a la semana siguiente, nos veríamos todos los de la organización para tomarnos una copa en Santiago. Pero como quiera que el día que nos venía mejor a todos era el viernes, Manolo, para no perdérselo, nos invitó a “Luar”, cuando todavía se grababa en la discoteca “Dona Dana” en Touro —hoy me parece un desmadre porque se podía fumar durante la grabación, tomar cubatas y bocadillos de chorizo—. Allá nos fuimos. He de confesar que yo iba un tanto abochornado esperando sentarme en una mesa lejos del escenario para que nadie me viera por televisión. Pero resultó que teníamos una mesa reservada en la misma boca del escenario. No contento con esto, durante la actuación de un mago portugués que pedía voluntarios para su numerito, el artista me sacó a mí al escenario (estoy convencido que llevaba un pinganillo y el cabrito de Manolo le sopló a quién subir). El caso es que, durante las cuatro horas de programa, se fue produciendo en mí una metamorfosis.

Cuando vives el "Luar" comprendes por qué lleva 24 años en antena.

Y esa metamorfosis fue provocada tal vez al ver la cantidad de gente que trabajaba allí, la profesionalidad de todo el mundo, comenzando por José Ramón Gayoso que se tiraba con el micrófono pegado a la barbilla todo el rato, incluso en las desconexiones para publicidad, animando al público, haciéndole vibrar. El ver reír en vivo y en directo a aquella gente —gente de verdad, no fingidos intelectuales de gafitas, sino gente humilde, del pueblo, con costumbres humildes, como mis padres, mis abuelos, mi familia—, verlos bailar cada vez que empezaba una actuación y aplaudir a rabiar al terminar, produjo en mí una catarsis tal que, venciendo toda timidez me hicieron erguirme de mi silla en el último número (Peret, lo recuerdo perfectamente) y ponerme a bailar la rumba catalana con María Liaño (productora de los premios, la semana anterior).

Ésa fue la primera vez que fui a “Luar”, pero ni mucho menos la última. A partir de ese momento, siempre que pude, me plantaba allí con cualquier excusa: la presentación de varias de mis películas, la actuación de amigos como Luz Casal, la presentación de una asociación benéfica o simplemente tomarme una copa después con Manolo. Siempre fui bienvenido por todo su equipo, siempre tenían un hueco para mí cuando les pedía acudir para presentar lo que fuera. Recuerdo que alguien me dijo por aquella época: “No te avergüenza ir a un programa-basura” ¿Programa-basura? Un programa-basura es aquel que, sin contenido alguno, reúne a un montón de indocumentados para despellejar a otro indocumentado. Pero un programa que contrata a tanta gente —¡cuántos de nuestros más grandes actores y actrices comenzaron ahí haciendo sus primeros pinitos!—, que promociona la cultura folclórica y popular de un pueblo —¿o acaso nuestra bandas de música, orquestas populares y grupos folclóricos no son parte de nuestra cultura?—, un programa que llega de esa manera al público, que se renueva año tras año, que ha alcanzado las mil y una noches, no puede ser un programa-basura. No, "Luar" es un clásico que, según la Real Academia, no es otra cosa que un "modelo digno de imitación".

En una de mis muchas visitas a "Luar" (2013), en este caso para promocionar
la Asociación contra las Enfermedades Neuromusculares.

Seis años más tarde, ya en el 2006, la semana anterior a la entrega de los Goya en la que nos concedieron el galardón por “El sueño de una noche de san Juan”, se produjo una cosa muy curiosa. Me invitaron a dos programas. A mitad de semana, fui a uno de esos desayunos televisivos después de los informativos de la mañana. “El ruedo ibérico” se llamaba, presentado por Monserrat Domínguez en Antena 3. Compartí cartel con la exministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio. Nos dedicaron media hora larga a cada uno. Pensé que ese día me vería mucha gente y, cuando encendiese el móvil después de terminar la entrevista, lo tendría lleno de mensajes y llamadas perdidas… ¡Ni una! Pero al llegar el viernes, me entrevistó Gayoso en el “Luar”. No cesaron los sms ni las llamadas durante todo el fin de semana. Curiosamente, casi todos decían que me habían visto de casualidad haciendo zapping. ¡Qué casualidad! Una entrevista de 10 minutos en un programa de cuatro horas y todo dios estaba haciendo zapping en ese momento. ¿Qué sucedía en las otras cadenas? ¿Hubo una desconexión generalizada?

En fin, con estas anécdotas, simplemente os quiero contar que nadie debe avergonzarse de divertirse. Y “Luar” es sobre todo un programa que entretiene y divierte, ése es su secreto. Pero además salvaguarda parte de nuestra cultura. Y porque “Luar” es también una fábrica de profesionales tanto técnicos como artistas.

Por eso hoy quiero felicitar a Manolo, a José Ramón y todos los que han trabajado y trabajan en “Luar”, que esta noche habrá batido el récord de las mil y una noches, deseándoles otros 1000 programas más de entretenimiento, diversión, imaginación y cultura popular. Sed felices! ;)

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